Olivareros perderán las ayudas si atentan deliberadamente contra el medio ambiente
06/07/2007 11:09:00 Fuente: ideal.es
Esto va en serio. El respeto hacia lo verde ha dejado de ser una preocupación de cuatro ecologistas medio locos para convertirse en un asunto de interés general. Y si hay un colectivo que tiene que ponerse las pilas en todo lo concerniente al respeto del entorno, ése es el de los profesionales del campo, que deberán aprenderse como el catecismo el código de la condicionalidad para que no les toquen la cartera. ¿Qué significa eso de la condicionalidad? Según la orden de 5 de junio de la Consejería de Agricultura, se trata de un «principio establecido en la reforma de la Política Agraria Común (PAC) por el que se aplican reducciones o exclusiones a los pagos directos a los agricultores y otras ayudas (indemnización de montaña y zonas desfavorecidas, agroambientales, forestación...) que no cumplan una serie de requisitos de medio ambiente, salud pública, sanidad y bienestar animal, y mantenimiento de las tierras de explotación en perfectas condiciones».
Ésta será la literatura de la campaña informativa que pondrá en marcha la Junta de Andalucía a partir de septiembre, pero que ya se saben de memoria los 1.029 agricultores de Jaén que a lo largo de 2006 recibieron la visita de técnicos autonómicos cuyo cometido era comprobar si se habían tomado en serio eso de la condicionalidad. De las plantaciones fiscalizadas (el 1 por ciento de todas las existentes en Jaén), el 8 por ciento (88 en términos absolutos) presentaron algún tipo de incidencia que requirió la apertura de expediente. Esto significa que 88 olivicultores vieron paralizadas sus solicitudes de subvención por detectarse algún tipo de práctica contraria al medio ambiente.
Tras la investigación de todas las circunstancias, unos salieron medio airosos y otros han tenido que recurrir a la vía contenciosa. Se fijan dos tipos de incumplimientos: descuido o deliberado. En el primero, la rebaja en los incentivos es del 5 por ciento cuando se trata de una negligencia casual y del 15 por ciento cuando hay reiteración. En el segundo caso, cuando se demuestra que hay intención de hacer mal, el castigo mínimo es del 20 por ciento sobre el importe de los incentivos o la expulsión del sistema. A la hora de evaluar, los funcionarios tienen en cuenta el alcance del daño (efectos dentro y fuera de las fincas), la gravedad (consecuencias en función de los incumplimientos de la norma) y persistencia (secuelas que puedan quedar en el tiempo).
De cualquier modo, estamos hablando de un porcentaje relativamente pequeño de sancionados (ese 8 por ciento se repite en el resto de provincias andaluzas). Lo importante es que hay un 92 por ciento que está haciendo las cosas perfectamente. Todos estos obedecieron la prohibición de labrar (labor que altere el perfil en una profundidad igual o superior a 20 centímetros) en recintos con pendientes mayores al 15 por ciento. También se tomaron en serio que en todos los olivares en los que se mantenga el ruedo desnudo en torno al árbol, mediante la utilización de herbicidas, será imprescindible mantener una cubierta vegetal viva o inerte en las calles transversales a la línea de inclinación.
Conservar las terrazas
Otra medida obligatoria es la conservación de las terrazas de retención, que mantendrán su capacidad de drenaje, así como los ribazos y caballones existentes, evitando de esta forma los aterramientos y derrumbamientos y la aparición de cárcavas. También está prescrito el arranque de los pies de olivos. Esta operación tan sólo se podrá llevar a cabo cuando se sustituya por otro, previa notificación a la Delegación de Agricultura. Tan sólo se permitirá la extracción por causas de fuerza mayor y por razones fitosanitarias, climatológicas o agronómicas que afecten negativamente a la viabilidad económica.
Por último, no se podrá efectuar una alteración significativa de las peculiaridades y características topográficas del terreno, como realizar desmontes superiores a dos metros o eliminar bancales, y para las superficies de regadío se exigirá acreditar el derecho de uso de las dotaciones mediante documento expedido por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
Para el delegado José Castro, es básico que los olivareros se tomen muy en serio esta cuestión, a fin de que cuando llegue 2013, y expire la PAC actual, Bruselas carezca de argumentos para acabar con los fondos para el agro, entre otras razones porque un buen porcentaje de explotaciones jienenses serían ruinosas sin el respaldo del dinero comunitario. También explica que el muestreo del 1 por ciento se elegirá de forma aleatoria, aunque para confeccionar el plan de control se tendrán en cuenta aspectos como el tamaño de la parcela, la ubicación geográfica y la uniformidad (la concentración vegetal).
Castro comenta que uno de los principales problemas es el de la erosión o pérdida de suelo fértil por los arrastres de agua, un fenómeno que está convirtiendo Jaén en la antesala del desierto. No es ninguna exageración, lo dicen los propios informes del Ministerio de Medio Ambiente, que señalan con punto rojo toda la cuenca del Guadiana Menor, un área en el que el régimen pluviométrico es inferior a la media de Jaén y Andalucía por razones orográficas y meteorológicas.
Graves secuelas
Este desgaste acarrea graves secuelas. Así, gran parte de los lodos acaban en los pantanos, que se acolmatan y que reducen su volumen de almacenamiento (todo ello sin contar que muchas veces las escorrentías también trasladar compuestos de nitrógeno, una sustancia muy nociva para los seres humanos y que puede desencadenar enfermedades tan malignas como el cáncer). En los ríos pasa algo similar. Las dimensiones de los cauces disminuyen y por tanto se rebaja la capacidad de transporte, por lo que aumenta la probabilidad de que haya desbordamientos cada vez que el cielo descargue con fuerza. También se ve mermado el potencial productivo de los cultivos. Los árboles no hallan reservas naturales de humedad en el subsuelo, por lo que los ciclos biológicos se resienten y se precisan aportaciones externas.
Esto va en serio. El respeto hacia lo verde ha dejado de ser una preocupación de cuatro ecologistas medio locos para convertirse en un asunto de interés general. Y si hay un colectivo que tiene que ponerse las pilas en todo lo concerniente al respeto del entorno, ése es el de los profesionales del campo, que deberán aprenderse como el catecismo el código de la condicionalidad para que no les toquen la cartera. ¿Qué significa eso de la condicionalidad? Según la orden de 5 de junio de la Consejería de Agricultura, se trata de un «principio establecido en la reforma de la Política Agraria Común (PAC) por el que se aplican reducciones o exclusiones a los pagos directos a los agricultores y otras ayudas (indemnización de montaña y zonas desfavorecidas, agroambientales, forestación...) que no cumplan una serie de requisitos de medio ambiente, salud pública, sanidad y bienestar animal, y mantenimiento de las tierras de explotación en perfectas condiciones».
Ésta será la literatura de la campaña informativa que pondrá en marcha la Junta de Andalucía a partir de septiembre, pero que ya se saben de memoria los 1.029 agricultores de Jaén que a lo largo de 2006 recibieron la visita de técnicos autonómicos cuyo cometido era comprobar si se habían tomado en serio eso de la condicionalidad. De las plantaciones fiscalizadas (el 1 por ciento de todas las existentes en Jaén), el 8 por ciento (88 en términos absolutos) presentaron algún tipo de incidencia que requirió la apertura de expediente. Esto significa que 88 olivicultores vieron paralizadas sus solicitudes de subvención por detectarse algún tipo de práctica contraria al medio ambiente.
Tras la investigación de todas las circunstancias, unos salieron medio airosos y otros han tenido que recurrir a la vía contenciosa. Se fijan dos tipos de incumplimientos: descuido o deliberado. En el primero, la rebaja en los incentivos es del 5 por ciento cuando se trata de una negligencia casual y del 15 por ciento cuando hay reiteración. En el segundo caso, cuando se demuestra que hay intención de hacer mal, el castigo mínimo es del 20 por ciento sobre el importe de los incentivos o la expulsión del sistema. A la hora de evaluar, los funcionarios tienen en cuenta el alcance del daño (efectos dentro y fuera de las fincas), la gravedad (consecuencias en función de los incumplimientos de la norma) y persistencia (secuelas que puedan quedar en el tiempo).
De cualquier modo, estamos hablando de un porcentaje relativamente pequeño de sancionados (ese 8 por ciento se repite en el resto de provincias andaluzas). Lo importante es que hay un 92 por ciento que está haciendo las cosas perfectamente. Todos estos obedecieron la prohibición de labrar (labor que altere el perfil en una profundidad igual o superior a 20 centímetros) en recintos con pendientes mayores al 15 por ciento. También se tomaron en serio que en todos los olivares en los que se mantenga el ruedo desnudo en torno al árbol, mediante la utilización de herbicidas, será imprescindible mantener una cubierta vegetal viva o inerte en las calles transversales a la línea de inclinación.
Conservar las terrazas
Otra medida obligatoria es la conservación de las terrazas de retención, que mantendrán su capacidad de drenaje, así como los ribazos y caballones existentes, evitando de esta forma los aterramientos y derrumbamientos y la aparición de cárcavas. También está prescrito el arranque de los pies de olivos. Esta operación tan sólo se podrá llevar a cabo cuando se sustituya por otro, previa notificación a la Delegación de Agricultura. Tan sólo se permitirá la extracción por causas de fuerza mayor y por razones fitosanitarias, climatológicas o agronómicas que afecten negativamente a la viabilidad económica.
Por último, no se podrá efectuar una alteración significativa de las peculiaridades y características topográficas del terreno, como realizar desmontes superiores a dos metros o eliminar bancales, y para las superficies de regadío se exigirá acreditar el derecho de uso de las dotaciones mediante documento expedido por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
Para el delegado José Castro, es básico que los olivareros se tomen muy en serio esta cuestión, a fin de que cuando llegue 2013, y expire la PAC actual, Bruselas carezca de argumentos para acabar con los fondos para el agro, entre otras razones porque un buen porcentaje de explotaciones jienenses serían ruinosas sin el respaldo del dinero comunitario. También explica que el muestreo del 1 por ciento se elegirá de forma aleatoria, aunque para confeccionar el plan de control se tendrán en cuenta aspectos como el tamaño de la parcela, la ubicación geográfica y la uniformidad (la concentración vegetal).
Castro comenta que uno de los principales problemas es el de la erosión o pérdida de suelo fértil por los arrastres de agua, un fenómeno que está convirtiendo Jaén en la antesala del desierto. No es ninguna exageración, lo dicen los propios informes del Ministerio de Medio Ambiente, que señalan con punto rojo toda la cuenca del Guadiana Menor, un área en el que el régimen pluviométrico es inferior a la media de Jaén y Andalucía por razones orográficas y meteorológicas.
Graves secuelas
Este desgaste acarrea graves secuelas. Así, gran parte de los lodos acaban en los pantanos, que se acolmatan y que reducen su volumen de almacenamiento (todo ello sin contar que muchas veces las escorrentías también trasladar compuestos de nitrógeno, una sustancia muy nociva para los seres humanos y que puede desencadenar enfermedades tan malignas como el cáncer). En los ríos pasa algo similar. Las dimensiones de los cauces disminuyen y por tanto se rebaja la capacidad de transporte, por lo que aumenta la probabilidad de que haya desbordamientos cada vez que el cielo descargue con fuerza. También se ve mermado el potencial productivo de los cultivos. Los árboles no hallan reservas naturales de humedad en el subsuelo, por lo que los ciclos biológicos se resienten y se precisan aportaciones externas.
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